Siempre le gustaron las líbelulas cuando se posaban en las piedras a orillas del río Ani- Sak. Brillaban con un fulgor diferente al del agua, con una transparencia que inquietaba por su fragilidad.
Libelila
ven a libar en mi vida
dame aquél candor del asombro
devuélvemelo
y luego vuela
una vez más
hacia allá...
lejos
No hay comentarios:
Publicar un comentario